Volviendo tarde de trabajar en el coche, escuché el otro día una canción en la radio que me llamó la atención. Decía lo siguiente "si nos quedara poco tiempo y mañana acaban nuestros días, si no te he dicho suficiente..." La verdad es que creo que no me dio tiempo a oirla entera pero sí me hizo pensar. Por una parte me hizo gracia que se tratase de una canción de Chayanne, quien hace diez años nos hacía bailar como saltamontes, quien me hiciera reflexionar y por otra, me sorprendió que tuviera olvidada una reflexión tan elemental como ésta que probablemente esté en el "ABC de las Reflexiones".
Efectivamente, he oído muchas veces "vive cada día como si fuera el último" pero creo que pocas lo he pensado realmente y el otro día fue uno de ellos. Ese día escojería lo que más me importa y lo pasaría con mi familia. Poco me importaría el éxito o el fracaso profesional, personal, los reconocimientos y la opinión de los demás, querría estar con los que más quiero, con mi marido y mis hijos y lo demás no importaría nada.
Si mi vida fuera lógica, bien estructurada y conforme a los valores en los que creo, el último día consciente de mi vida debería ser más o menos como un día cualquiera y aquí es dónde me asusté. Cuantas más cosas tuviera que cambiar peor planteada tendría mi vida. La vida se compone de días y no se puede vivir toda una vida en un sólo día.
Pensé en mi familia y en el tiempo que les dedico, o peor, en el que no les dedico y por qué no lo hago. El útimo día no habría excusas para salir tarde de trabajar, para entretenerme con un cliente, ¡no les robaría ni un minuto!. Llegué finalmente a una conclusión positiva, gracias a Dios no era el último día y había recordado una máxima importante "vive y piensa cada día como si fuera el último", por que si vivimos sin pensar estamos perdiendo el tiempo.
Efectivamente, he oído muchas veces "vive cada día como si fuera el último" pero creo que pocas lo he pensado realmente y el otro día fue uno de ellos. Ese día escojería lo que más me importa y lo pasaría con mi familia. Poco me importaría el éxito o el fracaso profesional, personal, los reconocimientos y la opinión de los demás, querría estar con los que más quiero, con mi marido y mis hijos y lo demás no importaría nada.
Si mi vida fuera lógica, bien estructurada y conforme a los valores en los que creo, el último día consciente de mi vida debería ser más o menos como un día cualquiera y aquí es dónde me asusté. Cuantas más cosas tuviera que cambiar peor planteada tendría mi vida. La vida se compone de días y no se puede vivir toda una vida en un sólo día.
Pensé en mi familia y en el tiempo que les dedico, o peor, en el que no les dedico y por qué no lo hago. El útimo día no habría excusas para salir tarde de trabajar, para entretenerme con un cliente, ¡no les robaría ni un minuto!. Llegué finalmente a una conclusión positiva, gracias a Dios no era el último día y había recordado una máxima importante "vive y piensa cada día como si fuera el último", por que si vivimos sin pensar estamos perdiendo el tiempo.
1 comentarios:
Cierto... tempues fugit! así que a exprimirlo... con los demás, vivir para uno es demasiado triste.
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