
Los lunes son simpre duros. Antagónicos al viernes producen cierto efecto "shokeante". Un café no suele ser suficiente. Las mañanas son más duras y los minutos más largos. Quizás es por este motivo por lo que los lunes las cafeterías estén llenas a media mañana. En la barra apenas había sitio. De conseguir períodico, ni hablamos. Encontré una esquina aparentemente tranquila con superficie suficiente para un café y un vaso de agua. A mi izquierda dos clientes habituales en jornada laboral. Nunca he hablado con ellos pero creo que trabajan en el banco o en la caja de la manzana de al lado. Eso había entendido de las conversaciones que mantenían con el camarero: comisiones, euribor, impagados, préstamos..etc.
El más joven debe tener unos cuarenta años, el segundo cerca de los sesenta. El primero estaba cabizbajo, meditabundo y evidentemente triste. Su aspecto de derrota era tal que inmediatamente me di cuenta que no era "cara de lunes". No me gusta escuchar conversaciones ajenas. No sé si no me gusta o es que no me da tiempo, pero en esta ocasión la proximidad de las banquetas me impedía evitarlo.
Paco, el más joven, pues así no le llamaba el camarero, le contó su compañero que el fin de año había sido terrible. A su mujer le habían despido del trabajo y su padre había muerto. Tensiones, discusiones y malos ratos que en dos meses se habían llevado por delante doce años de matrimonio. Tras unas primeras semanas disfrutando de esta nueva libertad, estaba completmente abatido. Le gustaría volver con su mujer pero como no tenían hijos los trámites de la separación habían sido rápidos y gracias a "la maldita ley del divorcio-express"- como él afirmaba- desde febrero estaban divorciados. Su mujer se había ido a vivir con una amiga, él se había despedido de su familia política, se lo había dicho a todo el mundo y ¡hasta había comunicado en el banco su nueva situación para las retenciones de hacienda!. ¡Ya es demasiado tarde para intentarlo de nuevo!- se lamentaba.
Alberto (1*), su compañero, que había estado escuchando sienciosamente, le contestó lacónicamente mientras terminaba su café: -"El orgullo es como el apéndice: no sirve absolutamente para nada y, cuando se inflama, o te lo extirpan o mueres".
Miré el reloj, llegaba tarde una reunión, dejé un euro veinte sobre la barra y salí disparada a la oficina con el firme propósito de consultar en google si conviene quitarse el apéndice como medida preventiva.
(1*) quien tampoco se llamaba así
I´s never too late: tan pasadita como actual
11 comentarios:
Estupendo post!
Felices Pascuas
increibles los faivores zapateriles.... pobrecillo
¡Que pena!
Joe...! que el pressing de nuestra sociedad nos lleve a tomar decisiones apresuradas, en temas tan importantes es una pena. Por resolver rápidamente un problema te pareces que sales de él y te metes en otro mucho más serio y frustrante. Es como para recordar lo de "vísteme despacio que llevo prisa". En muchas ocasiones hay que tener la fortaleza de aguantar, de ser más paciente, de esperar. si te cuesta sal un poco del bollo, coges aire y vuelves. Y no es verdad que ya no hay nada que hacer, si estás vivo puedes ser muy creativo, tanto como te de tu capacidad de querer rectificar, y sobre todo de querer querer. En un siglo con tantos recursos hay que saber buscarlos para lo más importante de nuestra vidas, ahí está nuestro reto.
El apéndice no pero el orgullo seguro que si.
Ayer me pedía una amiga material para ayudar a varios matrimonios de su entorno. ¿qué se puede hacer?, ¿qué consejos dar? cuando ves que se alejan los cónyuges cada vez más.
Creo que voy a pararme un poquito y a escribir en cuanto a Administración me lo permita.
Un beso
Don Joan, todo un honor la visita y el comentario. Muchísimas gracias!
Familia-pd, imagínate si cada uno es responsable se sus actos y de las consecuencias de sus actos...
Maria Jesús, a lo mejor tiene remedio. Nunca se sabe.
Anónimo, no sé quien decía que "si tienes un problema no te busques un segundo!. La verdad es que a todos nos pasa un poco que las decisiones profesionales meditamos, consultamos, nos informamos y, a veces, en la vida familiar actuamos como por impulso. También creo que hay que ir más despacio.
Mª Jesús, por favor, ¡VUELVE Y COMENTA!!
Benita, no soy casada, tú lo sabes, pero creo que la gente toma decisiones apresuradas en los momentos de crisis matrimoniales y en muchos momentos. Creo firmemente que deberíamos recordar aquello de "descansar acaso puedes pero nunca desistir" En esos casos, preferible darse un respiro, incluso dejar de vivir juntos un tiempo, para después con tiempo, con otra visión, resurgir de las cenizas.
Que pena que no sean gentes conocidas, como para recomendarles la película Prueba de fuego y el libro de esta.
Que pena de verdad ver esos casos.
Saludos cariñosos. Hilda
水是聰明者的唯一飲料. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Qué pena, Benita, qué vértigo, qué falta de recursos (acumulamos muchas cosas pero vamos perdiendo tantas otras por el camino...). Puf.
Hilda, gracias por la referencia a la película. No la he visto pero he oído mucho sobre ella y todo bueno. El libro temabién es bueno. En cuanto pueda enalzao el comentario!!
Hola Carmen, qué alegría leerte!
Benita
gracias por el enlace!! y cuando puedas vela, es hermosa!! Besitos. Hilda
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